lunes, 19 de marzo de 2012

Duele y es difícil.

No puedo callar. Simplemente hoy, me es imposible.

El amor duele. El amor puede que sea una de las heridas más profundas que te hayan hecho y la que más tarde en cicatrizar.
Algunos dicen que el amor es simple, querer o no querer, punto. Yo digo que quien dice eso no ha conocido el amor en su vida. El amor es complicado, es egoísta, es independiente y a la vez necesitado. Es de todo, menos simple.
Hay muchos tipos de amor, por no decir demasiados. Y a veces, se confunden. Esto no trae más que quebraderos de cabeza, inseguridad y canciones tristes que escuchar para hundirte más en el dolor.
Las personas somos egoístas por naturaleza, buscamos una media naranja que termine de completarnos, de llenar ese vacío que sentimos cuando sabemos que nos falta algo. Ese algo. El problema es que la mayoría de las veces nos equivocamos. Y entonces, solo entonces herimos y nos hieren. Cruelmente.

Un día, sin tu esperarlo, entra en tu vida ese alguien, una persona que no conoces, o que sí, pero nunca lo suficiente como para sentir algo. De pronto, toda tu vida parece menguar. Entra en tu vida, pone patas arriba tus sentimientos y enseguida tu corazón está en manos de otro. No sabes como ha ocurrido pero es un hecho. ¡Y ni siquiera te has dado cuenta!
"No pasa nada" piensas, mientras disfrutas del momento. El amor ciega y tú te has quedado ciego de repente.
Hasta que algo ocurre. Esa persona se ha cansado de tu corazón y de golpe te lo tira a la cara o directamente al contenedor de basura. No lo necesita más. Se ha cansado. O simplemente puede que haya confundido el tipo de amor. Y es entonces, cuando tú te rompes por dentro. Porque el tipo de amor que tú sentías si era ese. El más peligroso de todos. Porque casi inconscientemente en tu cabeza habías planeado todo un futuro juntos. Y duele.
Duele porque te das cuenta de que has estado viviendo una fantasía, porque ese futuro solo existía en tu cabeza.

Otras veces, a pesar de haber encontrado a la persona adecuada, el amor sigue siendo difícil. Muy difícil. La convivencia cambia las cosas y los sentimientos. Los años y la costumbre pasan factura. Es un amor que ya ha madurado y se ven las cosas desde otra perspectiva. Está la seguridad de que conoces a la persona, de que os entendéis y respetáis. Pero a veces todo pende de un hilo, y lo que antes él adoraba de ti, ahora lo aborrece y viceversa. Hay baches en todas partes y hay que saber esquivarlos.

El amor duele, deberían enseñarnos eso desde niños. El amor no es fácil. El amor, hay que currárselo.
Pero el amor también puede ser la cosa más maravillosa del mundo. Algo por lo que realmente merece la pena luchar. Y a veces, solo a veces, da igual cuánto hayas vivido y cuántas veces te hayan roto el corazón o cuántos hayas roto tú. Porque supongo que lo que realmente importa es haber compartido tu vida con quien quieres. Única y exclusivamente. Como decía, es egoísta.

Tormenta.


Hace tiempo que tengo ganas de una buena tormenta.
De esas que aparecen de repente. Sin previo aviso.
De esas que solo minutos antes se predicen, cuando ya las tienes encima.
Demasiado calor en la calle, cielo negro, cubierto, y un gran olor a ozono.

Cuando era pequeña, temeraria de mi, me sentaba en el banco del porche de mi casa a verlas, a disfrutarlas. Las tormentas de verano, claro. Las que se pueden disfrutar desde la calle. Aquí en el norte, intentar hacerlo en invierno sería un suicidio.

Que el rayo te ilumine la cara y entonces rápidamente empieces a contar los segundos hasta oír el estruendo del trueno, para saber como de cerca está la tormenta.
Que apenas cuentes dos segundos y del ruido se te pongan los pelos de punta.
Sentir el viento en tu cara, te revuelve el pelo que por supuesto llevas suelto porque te gusta sentir el poder de la naturaleza sobre ti. Fuerte, poderosa.

Que empiece a llover, gotas grandes y fuertes chocando contra el suelo, contra tu piel. En cuestión de segundos estás empapada, pero te da igual. La sensación de adrenalina y euforia es demasiado fuerte como para que te importe.

¿Quien tiene miedo a la tormenta?
Tú no.

jueves, 15 de marzo de 2012

La búsqueda


Es raro.
He estado aquí toda mi vida y me siento como una extraña.
Duele.
Camino por el mismo suelo, piso las mismas baldosas. Subo las mismas escaleras y miro por la misma ventana.
Toco con mis manos las mismas paredes mientras sigo adelante. Por ese pasillo largo, amplio, por el que corría y jugaba cuando era niña.
Recorro toda la casa, habitación por habitación, sin olvidar ningún rincón, no sea que de repente te haya dado por jugar al escondite conmigo y en el fondo todo sea una broma pesada.
En mi búsqueda me entretengo.
Abro los armarios, inspiro profundamente. Huele bien, huele a limpio, como siempre.
Cajones, donde hay libros, sábanas, ropa, maquillaje, joyas, recortes, pañuelos, fotografías.
Está todo donde siempre estuvo. No te has llevado nada, las maletas siguen en su sitio.
No debes haber ido muy lejos.
Puedo verte en todas partes y no estás en ningún sitio. Hasta te oigo hablar y reír.
Noto tu presencia en mi espalda, tu olor. Me giro bruscamente, no estás.
Pero yo se que no estoy sola, se que no te has ido, estoy convencida de que estás aquí y me he propuesto encontrarte.

Duele.
Es la primera vez que te llamo y no contestas.
No quiero que te vayas pero ya te has ido.
Y duele.
Como nunca antes había dolido.

Y me enfado. Y lloro. Y una rabia y una ira que no había sentido en mi vida se apoderan de mi.
Y es frustrante.
Y duele.
Porque yo quiero que estés aquí. No quiero tener que recordarte.

Crystal Castles - Not In Love ft. Robert Smith of The Cure