viernes, 21 de enero de 2011

Music in vein.



Siempre me he sentido afortunada en un aspecto importante de mi vida. Puedo decir, orgullosa, que mis padres me inculcaron desde pequeña una buena educación musical. Supongo que tener miles (sin exagerar) de discos y vinilos (sobre todo vinilos) en casa, es una gran influencia.
Tengo que decir que padezco una obsesión enfermiza con un determinado espacio temporal que abarca desde los felices años 20 hasta los 70.
Mis padres son grandes culpables de esta enfermedad, desde que puedo recordar siempre hemos escuchado música en casa, sobre todo los fines de semana, en los que me despertaban al ritmo de Petula Clark y su "Downtown", y yo, gran fan de la artista me levantaba más contenta que unas pascuas.
Influyeron mucho los viajes que hacíamos en coche cuando nos íbamos de vacaciones, largas horas de bailes en la parte de atrás del coche y una pronunciación del inglés un tanto dudosa.
16 horas en coche dan para mucha múscia, mucha. Gracias a esos viajes conocí a Simon & Garfunkel, Lou Reed, Bob Dylan, America, Don McLean, Eric Clapton, Janis Joplin, B.B. King, The Animals y un larguísimo etcétera.

Mi primer concierto fue a los cinco años, Supertramp, creo que a pesar de ser tan pequeña fue uno de los mejores conciertos de mi vida, lo recuerdo absolutamente todo. Mi padre en cambio, lo que más recuerda es el dolor de hombros de los días siguientes a causa de tenerme sobre ellos todo el concierto. Y por si alguien lo duda, sí, me sabía las canciones y bailé y canté como nunca super emocionada.
En mi casa se escuchaba de todo (se sigue escuchando), desde música clásica, pasando por Hendrix, Nirvana hasta The Doors.

Recuerdo llorar cuando mi madre me dijo que Kurt había muerto. Recuerdo querer ponerme de luto por la pérdida. Poco más tarde solía decir que mis grupos favoritos eran las Spice Girls y Nirvana. Decirlo en alto parece cuánto menos absurdo.

He ido a grandes conciertos de músicos que mis padres me legaron, Supertramp, The Rolling Stones, Bob Dylan; más adelante por mi propio pie me fui adentrando en otros estilos, aunque no por ello dejó nunca de gustarme todo lo que aprendí en casa.
También he podido ver en concierto a Scorpions, banda a la que adoraba en mi plena adolescencia, Marilyn Manson, Him, Madball (2 veces), Napalm Death (2 veces), Caliban, Walls of Jericho, Ignite, Sepultura, Raised Fist, Converge, Gallows, No use for a name, Enter Shikari, DOWN...
El último concierto al que he ido fue en Septiembre, en el MTV Day Galicia, pude ver a The Temper Trap (los conocí gracias a la banda sonora de 500 days of summer), Echo & The Bunnymen (me hizo muchísima ilusión, tenía muchas ganas de verlos en directo) y Arcade Fire.

Tengo muchas ganas de ir a algún concierto, no he estrenado el 2011 en ese sentido, pero por lo menos ya estoy contenta porque han salido las fechas del Resurrection Fest 2011. Pero hasta Julio queda mucho camino que andar, necesito conciertos antes, por favor.

2 comentarios:

Isia gey dijo...

Pues no puedes quejarte, has ido a más del doble de conciertos que toda la gente joven que yo he conocido, y además has ido a algunos de los conciertos más importantes, que ir a ver a los Rolling no es nada fácil.

Eri Crapula dijo...

No me quejo, es pura necesidad, adoro la sensación que solo los conciertos pueden darte. Soy consciente de que he visto a gente muy importante y me encanta, me siento orgullosa de poder decir que los he visto. Pero bueno, como decía, es una necesidad :)